viernes, 30 de octubre de 2009

Identidad nacional argentina

INTRODUCCIÓN

En vísperas del bicentenario nacional, destacaremos las transformaciones de la identidad cultural argentina a través de los años, buscando rasgos comunes que permanecieron desde 1810 hasta la actualidad.
Además distinguiremos los grupos sociales, sus características e interrelaciones para comprender el desarrollo de las mismas. También, es necesario referirnos al panorama actual, nombrando algunas de sus características obtenidas de la globalización, que no sólo se remite a lo económico sino (tal vez de manera más notable e importante aún) que incluye lo cultural borrando algunas fronteras de identidades nacionales.
Otra cuestión a analizar será qué es “lo argentino”, de dónde viene y qué es nuestro y qué hemos adoptado como propio de lo que pertenece a otras culturas.
Entendiendo a la sociedad como una estructura formada por un conjunto de personas en constante interacción que lleva a formar tradiciones, costumbres, hábitos y creencias, es decir, una cultura en común, que da lugar a un sentido de pertenencia, una identidad que nos incluya en una determinada cultura. No obstante… ¿Qué es identidad cultural?
En la antigüedad era más fácil enmarcar a un sujeto en un determinado sector o cultura debido a la homogeneidad generada por los trabajos e inclinaciones políticas y la escasa comunicación entre distintas sociedades, es decir, no existían dificultades a la hora de distinguir lo nuestro de lo ajeno. Sin embargo, hoy en día es difícil darle a un individuo una identidad tal que lo distinga totalmente del resto debido a la intercomunicación constante y el intercambio cultural acelerado producto, entre otras cosas, de dicha intercomunicación dada por las tecnologías.

DESARROLLO

Mayo de 1810, Asamblea del año XIII y el camino a la independencia

Nuestro país se ha caracterizado siempre por una estrecha relación con las potencias mundiales (entre otras, EUA, Francia e Inglaterra). Esto fue muy evidente a la hora de nuestra independencia porque los criollos de aquel entonces copiaron las ideas de los revolucionarios franceses y los estadounidenses a la hora de la libertad. Además, esta libertad significaba para aquellos el libre comercio con Inglaterra y la importación cultural de las ideas de los franceses.
Un suceso destacable de la historia de ese entonces fue la formación de la Asamblea del Año XIII, que decretaría la libertad de vientres, la eliminación de los títulos de nobleza y sobre todo la creación e implementación de los símbolos patrios (escudo, bandera, himno, moneda, escarapela).

La organización del Estado y la nación. Los inmigrantes y el centenario. El tango

Desde 1862 hasta alrededor de 1930, en nuestro país se dio una profunda preocupación estatal para consolidar una nación que llegue a identificarse con una identidad general. Para esto se llevaron a cabo muchísimas reformas desde lo político-económico hasta lo educativo-cultural. Entre otras cosas se impulsó el trabajo del campo, se sancionó una ley que asegurara una educación gratuita, laica y obligatoria para todos.
Sin embargo, mientras estas actividades buscaban unir coexistía otra que no la facilitaba: la inmigración. Esta era impulsada por parte de los gobiernos para avanzar en el área agroexportadora. Estos inmigrantes venían mayormente de España e Italia, y en menor medida de países como Grecia, Yugoslavia, Suiza, Alemania, etc. Muchas veces estos se sentían excluidos cuando llegaban al país por sus distintos idiomas y costumbres. Para erradicar esa incomodidad, se decidió la ley educativa y en el centenario se trabajó arduamente sobre los símbolos patrios. Pero una vez que el tiempo pasaba y el estilo de vida del extranjero mejoraba, éste comenzaba a despreciar lo local y transmitía a sus hijos nacidos en Argentina esta desvalorización de lo nacional. Por esto las tradiciones gauchescas y porteñas de los sectores pobres fueron marginadas y consideradas inferiores a estas ideas extranjeras que con el tiempo se transformaron en hegemonías culturales que desprestigiaron lo autóctono.
No obstante, no podemos ignorar la fusión cultural que se produjo en estos años. Una de las más trascendentes ha sido el famosísimo género musical llamado tango. Éste surgió como producto de la unión de varios estilos musicales locales y del exterior, y buscaba reemplazar a la antigua canción campera que sólo representaba a los anteriores criollos (era parte de la figura del gaucho); mientras que el tango era emblema de los recién llegados a Buenos Aires y de los hijos de éstos.

Entre el peronismo y los gobiernos de facto. La democracia y el neoliberalismo

Durante años el sector humilde argentino fue dejado de lado por parte de los gobiernos, y sólo se consideraba argentino a lo que la elite porteña tenía como costumbre e ideología, que mayormente se formaba a partir de influencia europea, pero que era impuesto como lo que tendría que dar identidad a todos.
Sin embargo, con la llegada de Perón en 1945 al poder se comenzó a ver a lo masivo como lo realmente importante dentro del territorio. Durante sus mandatos se modificaron algunos puntos del sistema vigente hasta ese momento, como la implementación de la escuela religiosa obligatoria. Pero son destacables también sus obras de construcción de instituciones escolares.
En cuanto a objetos que constituyeran la identidad, se vio resaltada la importancia de la figura de líder del general Perón y su esposa Evita, autodenominada como la abanderada de los humildes. Es decir, lo argentino pasó a ser aquello que respondiera al interés de la mayoría (lo “popular”) y estuviese a favor de la idea del líder peronista.
Sin embargo, a este gobierno le siguió una secuencia de golpes y gobiernos democráticos nada estables que buscaban erradicar todo lo logrado por el anterior gobernante. Este período se caracterizó por la violencia estatal y civil a favor y en contra de los valores peronistas. También se hizo notar la búsqueda por parte del gobierno de que el pueblo argentino empezara a perder riqueza escolar e intelectual, produciendo exilios de importantes pensadores y científicos. En cuanto a esto, Argentina no se pudo recuperar de esta pérdida y nuestro sistema educativo se encuentra hasta hoy muy inestable.
Con el regreso a la democracia en 1983, se intentó quitar la existencia de la violencia implementada con anterioridad. Se buscaron maneras de recuperar la economía, pero el desempleo no se pudo frenar. Así se comenzó a perder el hábito de estudio y de trabajo.
Los años siguientes marcaron aún más esta crisis y se llegó dar lugar al surgimiento de los “nuevos pobres”. Estos ciudadanos fueron excluidos totalmente de la sociedad y fueron marcados como la “Argentina que nadie reconoce”. Esta falta de reconocimiento produjo que estos sectores crecieran y los sectores dominantes en lo económico también lo fueran en lo cultural. Así las clases altas fueron quienes comenzaron a decidir en nombre de todos lo que era importante hacer y lo que no. Por esto la identidad pasó a ser entendida como la búsqueda del beneficio económico de algunos a los que debían responder la mayoría. También esto generó que nuestro país se insertara en el mundo de la globalización comunicacional. Esto permitió que las barreras culturales de nuestro país se confundieran con las de las potencias, principalmente de Estados Unidos.

Actualidad

Hoy nuestro país sigue en el mundo globalizado adquiriendo particularidades que ingresan a nuestra cultura y conforman nuestra identidad a partir de esta interculturalidad. Sin embargo, vemos que hay de parte del Estado y de la sociedad un interés de volver a tener ciertos valores por lo nuestro y hábitos que nos identifiquen como argentinos frente al mundo.


CONCLUSIÓN

En sociología, se habla de que los Estados modernos son tan complejos que sólo puede hablarse de una relativa “coherencia cultural”, ya que no alcanzan una totalidad cultural por su heterogeneidad. Esto es verificable dentro de nuestro país. Por ejemplo, la llegada de inmigrantes provenientes de distintos países contribuyó a la construcción del Estado moderno, y éstos tuvieron que convivir con los nativos criollos dando lugar a varios tipos de mestizaje. Otro caso de diferencia interna es la federalización, que creó distintos hábitos, creencias y particularidades en el habla de las distintas provincias. En tercer lugar, es necesario destacar las diferencias entre la vida del campo, la de las ciudades y la de los pueblos. Por último, cabe resaltar los estrechos producidos por las brechas socio-económicas.
En cuanto al último aspecto, es notable que estas diferencias económicas marquen la influencia de las clases dominantes sobre las pobres, permitiendo que las culturas de elite sean hegemónicas, limitando a las clases bajas a aceptar sólo esos valores, y así la identidad se forme sólo en base a ésta. Sin embargo, no podemos decir que eso sea tan así ya que nuestro país es un ejemplo claro de que nuestro sentido de pertenencia se basa en la cercanía a personajes populares (como los gauchos, soldados abnegados y compadritos tangueros), y no a elitistas que intentaron hegemonizar nuestra identidad “a la europea”, aunque hay que rescatar que ciertas ideas suyas constituyeron los cimientos para la construcción del Estado sobre todo en lo educativo.
Además, a la hora de hablar de una identidad argentina, debemos ver la importancia de la “importación cultural” que se marcó desde un principio. Se ve cómo los sectores altos y bajos han adaptado según la región distintos elementos de otros países, por lo que podemos decir que este país relativamente nuevo es producto de la interrelación y convivencia de distintas culturas e identidades que se unieron dando lugar a nuevos patrimonios que sí son argentinos a pesar de su origen; nuestros próceres, nuestros símbolos, nuestros personajes, nuestras artes, nuestras ideologías son el resultado de la suma de múltiples próceres, símbolos, personajes, artes, ideologías que se transformaron para darnos ese sentido de pertenencia que necesita toda nación para poder existir y permanecer.
Los distintos modos de reproducción de nuestra cultura, la forma de “heredarla”, las metamorfosis que pueda sufrir, los agentes externos que lo permitan, no son motivo para considerar que se pierde la identidad siempre y cuando sirva para enriquecer y no para anular lo pasado; para esto es indispensable la memoria colectiva que esté alejada de sólo buscar el interés de un sector y transformarlo en general sino respetando la diversidad, la pluralidad. Porque no debemos olvidar que la identidad se basa en la existencia de ese Otro que nos permite contrastarnos ya sea para buscar lo que nos une o para ver lo que nos distingue y enriquecer el conjunto. Por lo tanto, si buscamos suprimir o excluir al otro, o aún peor: usarlo sólo como medio para nuestra dominación y llegue a ser parte mecánica de nuestro “imperio” cultural (es decir, cosificar al sujeto perdiendo la relación yo-tú para hacerla un yo-ello) se pierde la idea de identidad y sólo pasaríamos a ser parte de una situación donde habría dominantes y dominados, que no permita el intercambio sino una uniformidad extrema donde no existan sujetos sino objetos-herramientas que funcionen para movilizar un sistema carente de sentido social.

La identidad nacional en vísperas del bicentenario

Introducción.

El 25 de Mayo de 2010 Argentina celebrará los 200 años de la revolución que inauguró el camino hacia la Independencia, por lo que en víspera del bicentenario, realizamos este trabajo con el objetivo de hacer un análisis sociológico acerca de la noción de identidad y comparar los aspectos en el momento de su surgimiento, en 1810, con los aspectos actuales de la sociedad y como se fue transformando el concepto de la misma.

El traspaso de la identidad a lo largo del tiempo.

La identidad es el conjunto de valores, tradiciones, símbolos, creencia y modos de comportamiento dentro de un grupo social y que hace que los individuos puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia. La identidad cultural es similar a todo aquello que nos lo enseñan nuestros antepasados y lo ponemos en práctica. Se puede decir que la identidad ha tomado protagonismo desde la antigüedad.
A principios de la Revolución de Mayo, las diferentes expresiones del sentimiento público revelan que se podía ser español americano frente a lo español peninsular, rioplatense frente a lo peruano o porteño frente a lo cordobés. Es decir, que la existencia de elementos de diferenciación de los americanos con respecto a los europeos a finales del siglo XVIII, reconoce a menudo un origen diferente del de aquellos que se vincularon posteriormente con la emergencia de una identidad nacional durante el siglo XIX. La Revolución de Mayo, descubrió como formas de identidades tales como la de español americano y la de argentino cobraron una dimensión distinta y permitió comprendes mejor su presencia y peso relativo en el proceso de gestación de una nacionalidad argentina. Uno de los antecedentes externos más importantes de la revolución de mayo fue la Revolución Francesa que conmovió al mundo. Sus ideales y la transformación posterior influyeron notoriamente en el pensamiento de la época. Puso fin a las instituciones políticas, sociales, económicas, religiosas y administrativas del Antiguo Régimen. En el aspecto político, el movimiento revolucionario se inicia el 14 de julio de 1789 cuando el pueblo de París tomó por asalto la torre de la Bastilla. La Bastilla era la cárcel en donde estaban los presos del reino pero también era el símbolo del poder del rey Luis XVI. El 27 de agosto de 1789 la Asamblea Constituyente aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En ella se afirmaba que los hombres nacen y permanecen libres y son iguales en derechos. Estos derechos, propios de su condición humana, son la libertad, la igualdad ante la ley, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. Se consagró la idea de que la soberanía reside en la Nación, y en consecuencia, el rey era un mandatario del pueblo.

Con respecto al aspecto educacional, a comienzos del siglo XIX, acentuaron la acción de las nuevas ideas en la educación. Los viajes de estudio en el exterior por los hombres de Mayo y el acceso a literatura o publicaciones periódicas recibidas desde Europa en forma legal e ilegal permitieron que las ideas innovadoras se apropiaran de la educación. La educación se centró en un aprendizaje utilitario y en el conocimiento de las nociones básicas de matemática y lengua. En las aulas argentinas, a partir de la segunda década del siglo XIX, se implantó el Método Lancasteriano, que contaba con una experiencia éxito en Londres.La carencia de contar con una estabilidad política, no posibilitó la implementación del sistema educativo nacional, para esto veremos más adelante que la sanción de la Constitución, es la herramienta más valedera en la concreción de este ideal. El ideal de ilustrar al ciudadano era uno de los objetivos en el que se centraba el discurso de los hombres revolucionarios de las primeras décadas del siglo XIX. Durante este tiempo se pensó en la necesidad de crear una escuela que formará hombres preparados para el mundo del trabajo, buscando de esa forma destacar la importancia que tenía para la época la educación utilitaria.El método de enseñanza mutua se implementó durante el gobierno de Rivadavia en todas las escuelas. Este sistema de enseñanza, trasladado de Londres, hacia nuestras aulas, consistía en la transmisión del conocimiento por medio de la división de la clase colocando al frente a un joven de superior habilidad con el nombre de MONITOR y bajo la inmediata inspección del Maestro.En la actualidad el Sistema Educativo Nacional (Argentina) es el conjunto organizado de servicios y acciones educativas reguladas por el Estado que posibilitan el ejercicio del derecho a la educación. Lo integran los servicios educativos de gestión estatal y privada, gestión cooperativa y gestión social, de todas las jurisdicciones del país, que abarcan los distintos niveles, ciclos y modalidades de la educación.La Ley Federal de Educación Argentina expresa que el Estado deberá fijar los lineamientos de la política educativa. Algunos de estos principios son: el fortalecimiento de la identidad nacional, la igualdad de oportunidades, la equidad de los servicios educativos, la educación concebida como proceso permanente, la erradicación del analfabetismo, el apoyo y estímulo de los programas alternativos de educación, la participación de la familia, la comunidad, asociaciones docentes u organizaciones sociales, y otros.
La descripción de la estructura del sistema educativo argentino ha sido realizada teniendo en cuenta los contenidos de la Ley Federal de Educación:
El primero comprende los grados primero a sexto y se llama Educación Primaria Básica o EPB (ex EGB I y II). La EPB está dividido en dos etapas llamados ciclos:
1. EPB I: Primero, Segundo y Tercer año escolar
2. EPB II: Cuarto, Quinto y Sexto año escolar
El siguiente nivel es la Educación Secundaria Básica o ESB (ex EGB III) que comprende los años escolares Séptimo, Octavo y Noveno (actuales Primero, Segundo y Tercero de la ESB). Una vez finalizado la ESB, los estudiantes completan el período de educación obligatoria y pueden elegir comenzar la Educación Secundaria Superior o ESS (ex Polimodal), la que dura tres años.El cuarto nivel es la educación superior o universitaria.
Este nivel es solo aplicado por las provincias que adoptaron el sistema educacional. Las demás provincias siguen con el mismo y viejo sistema de 7 años de primaria y 5 de secundaria (Capital Federal, Río Legislación vigente del sistema educativo Argentino.
Los niveles, ciclos y regímenes especiales que integren la estructura del sistema educativo deben articularse a fin de profundizar los objetivos, facilitar la continuidad y asegurar la movilidad horizontal y vertical de los alumnos / as.
El Estado, las provincias y la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires se obligan mediante la asignación en los respectivos presupuestos educativos a garantizar el principio de gratuidad en los servicios estatales, en todos los niveles y regímenes especiales.

En cuanto al aspecto político, aquel proceso revolucionario que termina de deponer a un gobierno colonial se manifiesta como punto de fuga al cual confluyen infinitas dimensiones desde las cuales se busca permanentemente interpelar al pasado, presente y futuro de nuestra nación.
La autodeterminación de los pueblos, la exaltación del hombre en las ideas humanistas y su expresión política y cultural, el papel de la razón en la organización política de las sociedades, son encrucijadas teóricas e históricas que en aquellos días de Mayo de 1810 se pusieron de manifiesto como elementos claves en la constitución de un país que en dichos hechos sigue buscando identidades y respuestas a sus problemas históricos.
Las condiciones estructurales de nuestras tierras eran sometidas a permanente discusión por los revolucionarios de mayo y las diversas interpretaciones acerca del posible desenvolvimiento de una nación con grandeza justa y soberana, se expresaban en los proyectos políticos que entraban el colisión antes, durante y después de la revolución.
En la actualidad, el mundo enfrenta desigualdades y diferencias que van mucho mas allá de la lucha de clases; las posturas políticas e ideologías de hoy en día trascienden el monto de los ingresos y el tipo de consumo. Vivimos nuestras sociedades y nuestros territorios a partir de una identidad ampliada, expandida que se encuentra cotidianamente con otras identidades y formas de ver el mundo que obligan a mantenerse con construcción constante y acelerada. Las propuestas políticas que surgen de los partidos resultan insuficientes para organizar esta diversidad, es por ello que los diferentes grupos que forman parte de esta complejidad social tiene que actuar políticamente en dos planos: a través del establecimiento de relaciones con instituciones políticas e instancias de poder, por un lado, y por el otro, en eterna negociación con el resto de los grupos con los que comparte el territorio, ambas luchas tienen un mismo objetivo, el reconocimiento y aceptación de quiénes somos y como somos frente a los “otros”, que no son como nosotros pero forman parte del mismo juego. En la medida que esos otros y nosotros logramos asemejarnos más, aparecen extraños nuevos, nuevas luchas e innovadoras formas de hacer política.

En cuanto a lo económico, cuando el virrey del Río de la Plata fue derrocado, la Junta revolucionaria de Buenos Aires adoptó una política económica radicalizada. Se levantó la prohibición de comerciar con extranjeros y de exportar lingotes de plata y oro.
Cuando en 1811 llegó al poder un nuevo gobierno, denominado el Triunvirato, que era aún más radical en términos de política económica, los impuestos de importación se redujeron enormemente. La política librecambista adoptada operó como un imán para los comerciantes extranjeros y particularmente para los británicos
Por su parte, los comerciantes criollos y españoles que no podían competir ventajosamente con los nuevos comerciantes de negocios de importación-exportación británicos quedaron limitados al comercio interior.
La política enfáticamente librecambista adoptada por las autoridades porteñas, cuyo sesgo más pronunciado fue el desequilibrio de la balanza comercial por el peso avasallante de las importaciones, generó Particularmente en Buenos Aires una extensión del consumo a los sectores populares, que se convertiría en otra fuente de recursos para el fisco del Estado revolucionario, a pesar de la mencionada reducción de los impuestos a la importación y exportación. En 1812 se establecieron las contribuciones extraordinarias para costear la guerra revolucionaria, que hasta 1815 extrajeron del comercio (y por ende, del consumidor porteño) una suma de 598.875 $, de la cual una parte importante debió ser costeada por los sectores populares.
El modelo de la economía actual argentina es absolutamente keynesiano. Este modelo ya fue aplicado por el Presidente Frondizi luego de la vuelta a la democracia después del derrocamiento de Perón. Básicamente consiste en un capitalismo de estado con una fuerte acumulación de stock proveniente de impuestos, retenciones, tasas y cambio por exportaciones. Hay una inmediata expansión del M1 y del M5, es decir del circulante y de los depósitos a la vista, lo que conlleva a un mayor consumo. Ese mayor consumo, mediante una fuerte presión fiscal, incrementa el stock de capitales en manos del estado. Para que este "circulo virtuoso" funcione tiene que darse circunstancias tales como alto valor de los commoditties (granos, aceites, metalmecánica, automóviles, etc.) y una moneda artificialmente devaluada en relación a la divisa fuerte de pago: dólares, euros y yuanes. El esquema funciona mientras la economía global está en expansión, pero puede ser altamente inflacionario por el M1, es decir los billetes y monedas en poder del público con los que demanda una cantidad limitada de bienes, que por escasez tienden a subir su precio. Si parte del M1 va al M5 (depósitos a la vista y de disponibilidad inmediata), lo que ocurre es que son las empresas grandes y pequeñas las que compran más insumos y se produce la inflación mayorista que luego es trasladada a los precios finales.
Otro aspecto del modelo keynesiano en su variante desarrollista es el impulso a grandes obras públicas de infraestructura que ocupan a una gran cantidad de personas y activan a múltiples industrias locales, ya que los requerimientos no pueden ser importados. Ello lleva a una demanda de trabajo con mejores salarios. La producción de cereales y oleaginosas tiene un fuerte incentivo por el cambio favorable, pero es parcialmente esterilizado por las retenciones, con los que hay un traspaso de riquezas del sector agropecuario al sector público con el que se financian las obras públicas.
Por otra parte Argentina ha sufrido el impacto de la globalización realizada con un criterio económico centrado en las ganancias y con exclusión de motivaciones humanistas. El resultado ha sido una gran crisis con privatizaciones sin control, despojo de los bienes nacionales, cierre de las pequeñas y medianas empresas por la apertura irrestricta del mercado, precarización del trabajo y prioridad dada al lucro en perjuicio de la persona y su dignidad, al capital financiero en desmedro del productivo. Desocupación y pobreza para una mayoría; corrupción y enormes ingresos económicos inmorales para una minoría.

En cuanto a lo social, hacia 1810 Buenos Aires constituía, con excepción del Alto Perú, el núcleo de habitantes más importante del Virreinato. Su población excedía las 40 mil personas de los que los blancos representaban un 70%, los negros el 25%, los mestizos el 3% y los indios el 2%. Hacia el norte el número de mestizos crecía en detrimento de los blancos puros. También hacia el interior disminuía el número de extranjeros. En el noroeste argentino y el Alto Perú abundaban los indios como también en las zonas no colonizadas del sur.
La nota característica de la sociedad del período revolucionario es la inexistencia de una aristocracia propiamente dicha. La nobleza no era representativa como clase y solo contaba con individuos aislados. La cúspide social pertenecía a la burguesía. Predominantemente territorial en el interior y mercantil en los puertos, estaba dividida en dos estratos distintos: la clase alta y la clase media. Entre ellas no había diferencias étnicas y solo se distinguían por el mayor o menor grado de poder económico o social.
La clase alta estaba integrada por comerciantes, estancieros ricos, profesionales e intelectuales y los militares de graduación superior. También la integraban altos funcionarios eclesiásticos y sacerdotes cultos que ejercían cargos docentes importantes y que tuvieran actuación política.
La clase media estaba integrada por pequeños comerciantes, industriales, pequeños estancieros, militares de menor graduación, maestros y resto del clero. La participación de esta clase en la cosa pública aumento durante el decenio.
Vicente F. López distingue la clase baja en dos grupos. Uno constituido por trabajadores independientes, artesanos libres y propietarios pobres de los suburbios a los que designa plebe. El otro al que denomina gente baja estaba formado por trabajadores serviles libres, menesterosos, vagos, y demás desheredados sociales.
La escala social terminaba en los esclavos (negros y mulatos), de los que poco a poco y como consecuencia de la guerra de la independencia se desprendieron los libertos, que habían ganado su nueva condición por el servicio militar a la causa de la revolución.
La clase baja, esclavos y libertos no tenían intervención activa en la sociedad. La plebe logró un grado progresivo de participación a través de la formación de los cuerpos de cívicos, quienes influyeron en el posterior desarrollo político.
Las cabezas de la sociedad rural eran: estancieros, funcionarios civiles y militares. También eran de importancia ciertos comerciantes proveedores de vituallas necesarias. El pulpero o bolichero rural no era un elemento bien afamado.
El campesinado se dividía en dos sectores. Uno lo forman los paisanos, ya fueran propietarios pequeños o peones de establecimientos mayores. El otro lo constituye el gaucho, elemento casi nómade, sin trabajo permanente, indisciplinado y pendenciero.
En el campo el indio tenía una presencia indiscutida, era considerado como elemento marginal a la sociedad.
La conmoción revolucionaria alteró esquemas sociales y creó nuevas tensiones. De una sociedad jerarquizada se quiso pasar a otras basadas en el mérito personal y donde igualitarismo e individualismo fueran notas fundamentales.
Luego de la revolución la situación del extranjero se hace marcadamente favorable. Se lo mira como un elemento de progreso, a veces incluso como un aliado en la guerra contra los españoles europeos. Los grupos más numerosos eran ingleses, franceses y portugueses.
Actualmente la sociedad esta caracterizada por los continuos avances científicos y por la tendencia a la globalización económica y cultural (gran mercado mundial, pensamiento único neoliberal, apogeo tecnológico, convergencia digital de toda la información) lo que genera la sensación de pertenecer a una comunidad mundial, ya los países más poderosos van imponiendo su cultura (idioma, instrumentos y procesos tecnológicos...) amenazando la identidad cultural de muchos pueblos. Hoy en día en Argentina se vive en una realidad determinada por la compulsión al consumo, la globalización y el avance tecnológico, donde los medios de comunicación son más vehículos de marketing que de información, y además se vive encerrado en un mercado y no en una sociedad. La era del consumo liquidó el valor y la existencia de las costumbres y tradiciones, produjo una cultura nacional y de hecho internacional en base a la solicitación de necesidades e informaciones, arrancó al individuo de su tierra natal y de su estabilidad.
Conclusión.
En este trabajo se trato de mostrar la notable diferencia del concepto de identidad a través del tiempo, es decir, la relevancia que tenia formar una identidad propia y la poca importancia que se le dio actualmente. En 1810 los valores, creencias, costumbres, tradiciones conformaban la identidad cultural lo que permitía q sus miembros se sentían parte de una misma comunidad y poder diferenciarse de otras. Pero esta situación a comenzado a cambiar en los últimos años debido al avance de la tecnología, la cual provoca desigualdades sociales y la perdida de la identidad cultural ya que los medios masivos de comunicación imponen sus cultura e ideología influyendo en el sentido común de cada persona y produciendo la perdida de valores de cada nación, permitiendo el surgimiento de una cultural global. Por lo tanto actualmente a la identidad se la relaciona con el consumo ya que los individuos se identifican por el producto que consumen impuesto por el capitalismo y la globalización dejando de lado aquellos valores y costumbres que antes eran propios de una nación.
A partir de este análisis planteamos que para cambiar este concepto de identidad cada persona debe comenzar por si mismo a respetar los valores y costumbres que nos une como nación y aceptar al otro como parte necesaria para un sí mismo y para toda la comunidad que conforme el imaginario ya que es posible pensar la identidad cultural cuando me reconozco como parte humana fundamental, imprescindible y responsable de los proyectos desde el lugar donde realice mi obrar: educación, política, economía, etc.
Para la cual proponemos combinar el valor que se le daba al concepto de identidad en 1810 con el actual utilizando a los medios de comunicación y a las instituciones como agentes que difunden los valores, creencias y tradiciones que nos representan y así proporcionarle un lugar mas importante a la identidad cultural