INTRODUCCIÓN
En vísperas del bicentenario nacional, destacaremos las transformaciones de la identidad cultural argentina a través de los años, buscando rasgos comunes que permanecieron desde 1810 hasta la actualidad.
Además distinguiremos los grupos sociales, sus características e interrelaciones para comprender el desarrollo de las mismas. También, es necesario referirnos al panorama actual, nombrando algunas de sus características obtenidas de la globalización, que no sólo se remite a lo económico sino (tal vez de manera más notable e importante aún) que incluye lo cultural borrando algunas fronteras de identidades nacionales.
Otra cuestión a analizar será qué es “lo argentino”, de dónde viene y qué es nuestro y qué hemos adoptado como propio de lo que pertenece a otras culturas.
Entendiendo a la sociedad como una estructura formada por un conjunto de personas en constante interacción que lleva a formar tradiciones, costumbres, hábitos y creencias, es decir, una cultura en común, que da lugar a un sentido de pertenencia, una identidad que nos incluya en una determinada cultura. No obstante… ¿Qué es identidad cultural?
En la antigüedad era más fácil enmarcar a un sujeto en un determinado sector o cultura debido a la homogeneidad generada por los trabajos e inclinaciones políticas y la escasa comunicación entre distintas sociedades, es decir, no existían dificultades a la hora de distinguir lo nuestro de lo ajeno. Sin embargo, hoy en día es difícil darle a un individuo una identidad tal que lo distinga totalmente del resto debido a la intercomunicación constante y el intercambio cultural acelerado producto, entre otras cosas, de dicha intercomunicación dada por las tecnologías.
DESARROLLO
Mayo de 1810, Asamblea del año XIII y el camino a la independencia
Nuestro país se ha caracterizado siempre por una estrecha relación con las potencias mundiales (entre otras, EUA, Francia e Inglaterra). Esto fue muy evidente a la hora de nuestra independencia porque los criollos de aquel entonces copiaron las ideas de los revolucionarios franceses y los estadounidenses a la hora de la libertad. Además, esta libertad significaba para aquellos el libre comercio con Inglaterra y la importación cultural de las ideas de los franceses.
Un suceso destacable de la historia de ese entonces fue la formación de la Asamblea del Año XIII, que decretaría la libertad de vientres, la eliminación de los títulos de nobleza y sobre todo la creación e implementación de los símbolos patrios (escudo, bandera, himno, moneda, escarapela).
La organización del Estado y la nación. Los inmigrantes y el centenario. El tango
Desde 1862 hasta alrededor de 1930, en nuestro país se dio una profunda preocupación estatal para consolidar una nación que llegue a identificarse con una identidad general. Para esto se llevaron a cabo muchísimas reformas desde lo político-económico hasta lo educativo-cultural. Entre otras cosas se impulsó el trabajo del campo, se sancionó una ley que asegurara una educación gratuita, laica y obligatoria para todos.
Sin embargo, mientras estas actividades buscaban unir coexistía otra que no la facilitaba: la inmigración. Esta era impulsada por parte de los gobiernos para avanzar en el área agroexportadora. Estos inmigrantes venían mayormente de España e Italia, y en menor medida de países como Grecia, Yugoslavia, Suiza, Alemania, etc. Muchas veces estos se sentían excluidos cuando llegaban al país por sus distintos idiomas y costumbres. Para erradicar esa incomodidad, se decidió la ley educativa y en el centenario se trabajó arduamente sobre los símbolos patrios. Pero una vez que el tiempo pasaba y el estilo de vida del extranjero mejoraba, éste comenzaba a despreciar lo local y transmitía a sus hijos nacidos en Argentina esta desvalorización de lo nacional. Por esto las tradiciones gauchescas y porteñas de los sectores pobres fueron marginadas y consideradas inferiores a estas ideas extranjeras que con el tiempo se transformaron en hegemonías culturales que desprestigiaron lo autóctono.
No obstante, no podemos ignorar la fusión cultural que se produjo en estos años. Una de las más trascendentes ha sido el famosísimo género musical llamado tango. Éste surgió como producto de la unión de varios estilos musicales locales y del exterior, y buscaba reemplazar a la antigua canción campera que sólo representaba a los anteriores criollos (era parte de la figura del gaucho); mientras que el tango era emblema de los recién llegados a Buenos Aires y de los hijos de éstos.
Entre el peronismo y los gobiernos de facto. La democracia y el neoliberalismo
Durante años el sector humilde argentino fue dejado de lado por parte de los gobiernos, y sólo se consideraba argentino a lo que la elite porteña tenía como costumbre e ideología, que mayormente se formaba a partir de influencia europea, pero que era impuesto como lo que tendría que dar identidad a todos.
Sin embargo, con la llegada de Perón en 1945 al poder se comenzó a ver a lo masivo como lo realmente importante dentro del territorio. Durante sus mandatos se modificaron algunos puntos del sistema vigente hasta ese momento, como la implementación de la escuela religiosa obligatoria. Pero son destacables también sus obras de construcción de instituciones escolares.
En cuanto a objetos que constituyeran la identidad, se vio resaltada la importancia de la figura de líder del general Perón y su esposa Evita, autodenominada como la abanderada de los humildes. Es decir, lo argentino pasó a ser aquello que respondiera al interés de la mayoría (lo “popular”) y estuviese a favor de la idea del líder peronista.
Sin embargo, a este gobierno le siguió una secuencia de golpes y gobiernos democráticos nada estables que buscaban erradicar todo lo logrado por el anterior gobernante. Este período se caracterizó por la violencia estatal y civil a favor y en contra de los valores peronistas. También se hizo notar la búsqueda por parte del gobierno de que el pueblo argentino empezara a perder riqueza escolar e intelectual, produciendo exilios de importantes pensadores y científicos. En cuanto a esto, Argentina no se pudo recuperar de esta pérdida y nuestro sistema educativo se encuentra hasta hoy muy inestable.
Con el regreso a la democracia en 1983, se intentó quitar la existencia de la violencia implementada con anterioridad. Se buscaron maneras de recuperar la economía, pero el desempleo no se pudo frenar. Así se comenzó a perder el hábito de estudio y de trabajo.
Los años siguientes marcaron aún más esta crisis y se llegó dar lugar al surgimiento de los “nuevos pobres”. Estos ciudadanos fueron excluidos totalmente de la sociedad y fueron marcados como la “Argentina que nadie reconoce”. Esta falta de reconocimiento produjo que estos sectores crecieran y los sectores dominantes en lo económico también lo fueran en lo cultural. Así las clases altas fueron quienes comenzaron a decidir en nombre de todos lo que era importante hacer y lo que no. Por esto la identidad pasó a ser entendida como la búsqueda del beneficio económico de algunos a los que debían responder la mayoría. También esto generó que nuestro país se insertara en el mundo de la globalización comunicacional. Esto permitió que las barreras culturales de nuestro país se confundieran con las de las potencias, principalmente de Estados Unidos.
Actualidad
Hoy nuestro país sigue en el mundo globalizado adquiriendo particularidades que ingresan a nuestra cultura y conforman nuestra identidad a partir de esta interculturalidad. Sin embargo, vemos que hay de parte del Estado y de la sociedad un interés de volver a tener ciertos valores por lo nuestro y hábitos que nos identifiquen como argentinos frente al mundo.
CONCLUSIÓN
En sociología, se habla de que los Estados modernos son tan complejos que sólo puede hablarse de una relativa “coherencia cultural”, ya que no alcanzan una totalidad cultural por su heterogeneidad. Esto es verificable dentro de nuestro país. Por ejemplo, la llegada de inmigrantes provenientes de distintos países contribuyó a la construcción del Estado moderno, y éstos tuvieron que convivir con los nativos criollos dando lugar a varios tipos de mestizaje. Otro caso de diferencia interna es la federalización, que creó distintos hábitos, creencias y particularidades en el habla de las distintas provincias. En tercer lugar, es necesario destacar las diferencias entre la vida del campo, la de las ciudades y la de los pueblos. Por último, cabe resaltar los estrechos producidos por las brechas socio-económicas.
En cuanto al último aspecto, es notable que estas diferencias económicas marquen la influencia de las clases dominantes sobre las pobres, permitiendo que las culturas de elite sean hegemónicas, limitando a las clases bajas a aceptar sólo esos valores, y así la identidad se forme sólo en base a ésta. Sin embargo, no podemos decir que eso sea tan así ya que nuestro país es un ejemplo claro de que nuestro sentido de pertenencia se basa en la cercanía a personajes populares (como los gauchos, soldados abnegados y compadritos tangueros), y no a elitistas que intentaron hegemonizar nuestra identidad “a la europea”, aunque hay que rescatar que ciertas ideas suyas constituyeron los cimientos para la construcción del Estado sobre todo en lo educativo.
Además, a la hora de hablar de una identidad argentina, debemos ver la importancia de la “importación cultural” que se marcó desde un principio. Se ve cómo los sectores altos y bajos han adaptado según la región distintos elementos de otros países, por lo que podemos decir que este país relativamente nuevo es producto de la interrelación y convivencia de distintas culturas e identidades que se unieron dando lugar a nuevos patrimonios que sí son argentinos a pesar de su origen; nuestros próceres, nuestros símbolos, nuestros personajes, nuestras artes, nuestras ideologías son el resultado de la suma de múltiples próceres, símbolos, personajes, artes, ideologías que se transformaron para darnos ese sentido de pertenencia que necesita toda nación para poder existir y permanecer.
Los distintos modos de reproducción de nuestra cultura, la forma de “heredarla”, las metamorfosis que pueda sufrir, los agentes externos que lo permitan, no son motivo para considerar que se pierde la identidad siempre y cuando sirva para enriquecer y no para anular lo pasado; para esto es indispensable la memoria colectiva que esté alejada de sólo buscar el interés de un sector y transformarlo en general sino respetando la diversidad, la pluralidad. Porque no debemos olvidar que la identidad se basa en la existencia de ese Otro que nos permite contrastarnos ya sea para buscar lo que nos une o para ver lo que nos distingue y enriquecer el conjunto. Por lo tanto, si buscamos suprimir o excluir al otro, o aún peor: usarlo sólo como medio para nuestra dominación y llegue a ser parte mecánica de nuestro “imperio” cultural (es decir, cosificar al sujeto perdiendo la relación yo-tú para hacerla un yo-ello) se pierde la idea de identidad y sólo pasaríamos a ser parte de una situación donde habría dominantes y dominados, que no permita el intercambio sino una uniformidad extrema donde no existan sujetos sino objetos-herramientas que funcionen para movilizar un sistema carente de sentido social.
En vísperas del bicentenario nacional, destacaremos las transformaciones de la identidad cultural argentina a través de los años, buscando rasgos comunes que permanecieron desde 1810 hasta la actualidad.
Además distinguiremos los grupos sociales, sus características e interrelaciones para comprender el desarrollo de las mismas. También, es necesario referirnos al panorama actual, nombrando algunas de sus características obtenidas de la globalización, que no sólo se remite a lo económico sino (tal vez de manera más notable e importante aún) que incluye lo cultural borrando algunas fronteras de identidades nacionales.
Otra cuestión a analizar será qué es “lo argentino”, de dónde viene y qué es nuestro y qué hemos adoptado como propio de lo que pertenece a otras culturas.
Entendiendo a la sociedad como una estructura formada por un conjunto de personas en constante interacción que lleva a formar tradiciones, costumbres, hábitos y creencias, es decir, una cultura en común, que da lugar a un sentido de pertenencia, una identidad que nos incluya en una determinada cultura. No obstante… ¿Qué es identidad cultural?
En la antigüedad era más fácil enmarcar a un sujeto en un determinado sector o cultura debido a la homogeneidad generada por los trabajos e inclinaciones políticas y la escasa comunicación entre distintas sociedades, es decir, no existían dificultades a la hora de distinguir lo nuestro de lo ajeno. Sin embargo, hoy en día es difícil darle a un individuo una identidad tal que lo distinga totalmente del resto debido a la intercomunicación constante y el intercambio cultural acelerado producto, entre otras cosas, de dicha intercomunicación dada por las tecnologías.
DESARROLLO
Mayo de 1810, Asamblea del año XIII y el camino a la independencia
Nuestro país se ha caracterizado siempre por una estrecha relación con las potencias mundiales (entre otras, EUA, Francia e Inglaterra). Esto fue muy evidente a la hora de nuestra independencia porque los criollos de aquel entonces copiaron las ideas de los revolucionarios franceses y los estadounidenses a la hora de la libertad. Además, esta libertad significaba para aquellos el libre comercio con Inglaterra y la importación cultural de las ideas de los franceses.
Un suceso destacable de la historia de ese entonces fue la formación de la Asamblea del Año XIII, que decretaría la libertad de vientres, la eliminación de los títulos de nobleza y sobre todo la creación e implementación de los símbolos patrios (escudo, bandera, himno, moneda, escarapela).
La organización del Estado y la nación. Los inmigrantes y el centenario. El tango
Desde 1862 hasta alrededor de 1930, en nuestro país se dio una profunda preocupación estatal para consolidar una nación que llegue a identificarse con una identidad general. Para esto se llevaron a cabo muchísimas reformas desde lo político-económico hasta lo educativo-cultural. Entre otras cosas se impulsó el trabajo del campo, se sancionó una ley que asegurara una educación gratuita, laica y obligatoria para todos.
Sin embargo, mientras estas actividades buscaban unir coexistía otra que no la facilitaba: la inmigración. Esta era impulsada por parte de los gobiernos para avanzar en el área agroexportadora. Estos inmigrantes venían mayormente de España e Italia, y en menor medida de países como Grecia, Yugoslavia, Suiza, Alemania, etc. Muchas veces estos se sentían excluidos cuando llegaban al país por sus distintos idiomas y costumbres. Para erradicar esa incomodidad, se decidió la ley educativa y en el centenario se trabajó arduamente sobre los símbolos patrios. Pero una vez que el tiempo pasaba y el estilo de vida del extranjero mejoraba, éste comenzaba a despreciar lo local y transmitía a sus hijos nacidos en Argentina esta desvalorización de lo nacional. Por esto las tradiciones gauchescas y porteñas de los sectores pobres fueron marginadas y consideradas inferiores a estas ideas extranjeras que con el tiempo se transformaron en hegemonías culturales que desprestigiaron lo autóctono.
No obstante, no podemos ignorar la fusión cultural que se produjo en estos años. Una de las más trascendentes ha sido el famosísimo género musical llamado tango. Éste surgió como producto de la unión de varios estilos musicales locales y del exterior, y buscaba reemplazar a la antigua canción campera que sólo representaba a los anteriores criollos (era parte de la figura del gaucho); mientras que el tango era emblema de los recién llegados a Buenos Aires y de los hijos de éstos.
Entre el peronismo y los gobiernos de facto. La democracia y el neoliberalismo
Durante años el sector humilde argentino fue dejado de lado por parte de los gobiernos, y sólo se consideraba argentino a lo que la elite porteña tenía como costumbre e ideología, que mayormente se formaba a partir de influencia europea, pero que era impuesto como lo que tendría que dar identidad a todos.
Sin embargo, con la llegada de Perón en 1945 al poder se comenzó a ver a lo masivo como lo realmente importante dentro del territorio. Durante sus mandatos se modificaron algunos puntos del sistema vigente hasta ese momento, como la implementación de la escuela religiosa obligatoria. Pero son destacables también sus obras de construcción de instituciones escolares.
En cuanto a objetos que constituyeran la identidad, se vio resaltada la importancia de la figura de líder del general Perón y su esposa Evita, autodenominada como la abanderada de los humildes. Es decir, lo argentino pasó a ser aquello que respondiera al interés de la mayoría (lo “popular”) y estuviese a favor de la idea del líder peronista.
Sin embargo, a este gobierno le siguió una secuencia de golpes y gobiernos democráticos nada estables que buscaban erradicar todo lo logrado por el anterior gobernante. Este período se caracterizó por la violencia estatal y civil a favor y en contra de los valores peronistas. También se hizo notar la búsqueda por parte del gobierno de que el pueblo argentino empezara a perder riqueza escolar e intelectual, produciendo exilios de importantes pensadores y científicos. En cuanto a esto, Argentina no se pudo recuperar de esta pérdida y nuestro sistema educativo se encuentra hasta hoy muy inestable.
Con el regreso a la democracia en 1983, se intentó quitar la existencia de la violencia implementada con anterioridad. Se buscaron maneras de recuperar la economía, pero el desempleo no se pudo frenar. Así se comenzó a perder el hábito de estudio y de trabajo.
Los años siguientes marcaron aún más esta crisis y se llegó dar lugar al surgimiento de los “nuevos pobres”. Estos ciudadanos fueron excluidos totalmente de la sociedad y fueron marcados como la “Argentina que nadie reconoce”. Esta falta de reconocimiento produjo que estos sectores crecieran y los sectores dominantes en lo económico también lo fueran en lo cultural. Así las clases altas fueron quienes comenzaron a decidir en nombre de todos lo que era importante hacer y lo que no. Por esto la identidad pasó a ser entendida como la búsqueda del beneficio económico de algunos a los que debían responder la mayoría. También esto generó que nuestro país se insertara en el mundo de la globalización comunicacional. Esto permitió que las barreras culturales de nuestro país se confundieran con las de las potencias, principalmente de Estados Unidos.
Actualidad
Hoy nuestro país sigue en el mundo globalizado adquiriendo particularidades que ingresan a nuestra cultura y conforman nuestra identidad a partir de esta interculturalidad. Sin embargo, vemos que hay de parte del Estado y de la sociedad un interés de volver a tener ciertos valores por lo nuestro y hábitos que nos identifiquen como argentinos frente al mundo.
CONCLUSIÓN
En sociología, se habla de que los Estados modernos son tan complejos que sólo puede hablarse de una relativa “coherencia cultural”, ya que no alcanzan una totalidad cultural por su heterogeneidad. Esto es verificable dentro de nuestro país. Por ejemplo, la llegada de inmigrantes provenientes de distintos países contribuyó a la construcción del Estado moderno, y éstos tuvieron que convivir con los nativos criollos dando lugar a varios tipos de mestizaje. Otro caso de diferencia interna es la federalización, que creó distintos hábitos, creencias y particularidades en el habla de las distintas provincias. En tercer lugar, es necesario destacar las diferencias entre la vida del campo, la de las ciudades y la de los pueblos. Por último, cabe resaltar los estrechos producidos por las brechas socio-económicas.
En cuanto al último aspecto, es notable que estas diferencias económicas marquen la influencia de las clases dominantes sobre las pobres, permitiendo que las culturas de elite sean hegemónicas, limitando a las clases bajas a aceptar sólo esos valores, y así la identidad se forme sólo en base a ésta. Sin embargo, no podemos decir que eso sea tan así ya que nuestro país es un ejemplo claro de que nuestro sentido de pertenencia se basa en la cercanía a personajes populares (como los gauchos, soldados abnegados y compadritos tangueros), y no a elitistas que intentaron hegemonizar nuestra identidad “a la europea”, aunque hay que rescatar que ciertas ideas suyas constituyeron los cimientos para la construcción del Estado sobre todo en lo educativo.
Además, a la hora de hablar de una identidad argentina, debemos ver la importancia de la “importación cultural” que se marcó desde un principio. Se ve cómo los sectores altos y bajos han adaptado según la región distintos elementos de otros países, por lo que podemos decir que este país relativamente nuevo es producto de la interrelación y convivencia de distintas culturas e identidades que se unieron dando lugar a nuevos patrimonios que sí son argentinos a pesar de su origen; nuestros próceres, nuestros símbolos, nuestros personajes, nuestras artes, nuestras ideologías son el resultado de la suma de múltiples próceres, símbolos, personajes, artes, ideologías que se transformaron para darnos ese sentido de pertenencia que necesita toda nación para poder existir y permanecer.
Los distintos modos de reproducción de nuestra cultura, la forma de “heredarla”, las metamorfosis que pueda sufrir, los agentes externos que lo permitan, no son motivo para considerar que se pierde la identidad siempre y cuando sirva para enriquecer y no para anular lo pasado; para esto es indispensable la memoria colectiva que esté alejada de sólo buscar el interés de un sector y transformarlo en general sino respetando la diversidad, la pluralidad. Porque no debemos olvidar que la identidad se basa en la existencia de ese Otro que nos permite contrastarnos ya sea para buscar lo que nos une o para ver lo que nos distingue y enriquecer el conjunto. Por lo tanto, si buscamos suprimir o excluir al otro, o aún peor: usarlo sólo como medio para nuestra dominación y llegue a ser parte mecánica de nuestro “imperio” cultural (es decir, cosificar al sujeto perdiendo la relación yo-tú para hacerla un yo-ello) se pierde la idea de identidad y sólo pasaríamos a ser parte de una situación donde habría dominantes y dominados, que no permita el intercambio sino una uniformidad extrema donde no existan sujetos sino objetos-herramientas que funcionen para movilizar un sistema carente de sentido social.